miércoles, 26 de noviembre de 2008

AHORA, UN CAPITULO PERDIDO DE MI GRAN NOVELA


….Quisiera huir de ti

pero si te dejara, moriría

quisiera romper las cadenas

que pusiste a mi alrededor

pero aún así no me atrevería…

….Es imposible vivir contigo

pero no podría vivir sin ti

Sea lo que sea que hagas

Yo nunca, nunca, nunca

quisiera enamorarme de otro

más que de ti… (I hate you then i love you)

Celine Dion & Luciano Pavarotti.

Hubiera sido una boda maravillosa, en primavera, como siempre quise. Hubiéramos estado rodeados de todos aquellos que nos querían, que nos habían querido o que habían deseado querernos. Estarían también todos los pájaros y todas las hojas de los árboles entonando el "Nessum Dorma" en honor de los desposados. Saldríamos por el gran pasillo de la iglesia a reunirnos por fin con la dicha que nos había embargado.

Pero nada de esto ocurrió, en cambio, sólo tuvimos una amarga despedida. Todavía la tengo fresca en mi memoria, como un pasaje de días menos felices, que sellarían para siempre mi vida. Fue una tarde fría de octubre, la recuerdo bien porque tenía puesta una chamarra dentro de la casa, como si me estuviera previniendo del frío de su mirada y de sus palabras. Es triste hablar de eso, jamás entendí muy bien porque nos habíamos hecho tanto daño, como si quisiéramos destruirnos el uno al otro, pero la verdad era que nos amábamos, realmente nos amábamos. Después de los reproches vino la calma, para regresar con una sola palabra hiriente a la peor de las tempestades. ¿Qué había realmente desencadenado tanto encono, tanta rabia, tanta impotencia por entender lo que siempre habíamos entendido?, éramos dos extraños luchando por dominar un lugar sin reino, un espacio en el que no habitaba más que el dolor y la soledad.

Eramos dos que caminábamos un mismo camino, hasta que éste se bifurcó y tuvimos que separarnos y seguir cada uno con el suyo. Pero caminaríamos con la certeza de que nunca seríamos los mismos, seríamos otros, más lastimados, más fuertes, más osados, pero jamás dos que alguna vez se amaron.

Jamás quise que pasara, pero sucedió. Ahora, cada vez que volteo la vista a cualquier parte, no importa donde, recuerdo todos los momentos dichosos que tuvimos juntos. La paz que nos invadía cuando nos mirábamos sin más ganas que la de mirarnos horas y horas, como si el tiempo fuera eterno y el reloj no existiera. La pasión que nos encendía cada que nos tocábamos y acabábamos por hacer el amor en los lugares menos indicados. La ternura que me despertaba el verde de su mirada cuando me decía: Te amo, o cuando veía un bebé y decía que así sería el nuestro. La alegría que nos inundaba cada vez que queríamos ser felices y no nos proponíamos otra cosa que conseguirlo, en esos momentos no existían los problemas ni los pleitos ni los reproches, sólo existía Gabriel, mi amado Gabriel.

Ya no sé si fue realmente error mío, o de los dos. El caso es que, después de siete años sólo quedó el silencio, el recuerdo, la soledad. Me siento tan sola ahora, siento como si una parte de mi cuerpo se hubiera ido con él y que ya no va a volver jamás. Con él se fueron mi risa, mi felicidad, mis ganas de ser y de vivir, se fue mi esencia. Y ¿qué hará él?, ¿me extrañará?, ¿será feliz, por fin, sin mí?. Yo espero que no, y lo espero no porque sea ruin ni porque desee venganza. Lo deseo porque es lo único que me mantiene, lo único que me hace pensar que tal vez le duela, que tal vez lo sienta y desee volver a mi lado, como siempre.

Me encantaría retroceder el tiempo, arreglar todo lo que salió mal, enmendar los errores que tan estúpidamente cometí y repetí sin querer, quisiera volver a mirarlo y decirle con franqueza: TE AMO. Quisiera decirle tantas cosas pero, ya es tarde, no me creería ni la mitad de lo que lo amo, no creería que ansío desesperadamente una llamada suya, una palabra que me arrebate toda esta tristeza que llevo dentro, pero, ya es tarde, muy tarde….


D.R. 1997


miércoles, 5 de noviembre de 2008

EL MIEDO QUE NOS INVADE....


El día de ayer, aproximadamente a las 6:40 hrs. de la Ciudad de México murió, lamentablemente, Juan Camilo Mouriño, Secretario de Gobernación de México, víctima de un accidente fatal en el avión en el que era conducido al Distrito Federal. Junto con él, también fallecieron José Luis Santiago Vasconcelos y otros distinguidos miembros del equipo cercano a Mouriño, así como la tripulación.

Este terrible suceso sacudió no sólo a las altas esferas del gobierno mexicano, principalmente al presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, sino también a muchos mexicanos, comunes y corrientes, como tú y como yo que nos sentimos asustados ante tanta desgracia.

En lo personal, me siento sumamente agraviada, no sólo por la muerte de Juan Camilo, sino también por la ola de violencia que se ha desatado. Secuestros, robos, delitos que se quedan impunes...¿quién sigue ahora? El narcotráfico se ha apoderado ya de nuestro país y nadie puede hacer nada...

No quiero caer en conjeturas pero, para ser honesta, lo primero que pensé cuando me enteré de la noticia fue que había sido el "narco". Tanto Juan Camilo como Vasconcelos eran luchadores incansables contra este cáncer, así que no sería tampoco tan descabellado pensar en esta hipótesis.

Independientemente de las causas quiero, ante todo, rendir un pequeño homenaje a estos hombres y mujeres que tuvieron la desgracia de perecer. Mis más sinceras condolencias a sus familias y amigos, en especial a la de Juan Camilo. Un hombre que ha sido atacado por todos los frentes, en especial por aquellos que, aferrándose a sueños "guajiros", siguen despotricando, como si estuvieran libres de culpas...ustedes sabrán a quién me refiero...Pero, ante todo, un mexicano que quería un país mejor.